Otra vez... Bueno, allá voy. Me doy la vuelta. Giraré a la izquierda, y en la plaza verde, iré por el tercer camino de la derecha esta vez.
Estos pasillos parecen interminables, pero con un poco de paciencia, siempre se llega a algún destino. Éste en concreto, es azul eléctrico. A medida que avanzo, veo nuevos pasillos que se abren a un lado o a otro, pero esta vez he decidido seguir el pasillo hasta el final.
Parece que he llegado a una bifurcació: amarillo o rojo. Siempre he tenido predilección por el rojo, y no puedo evitar coger un pasillo rojo cada vez que lo veo. Al avanzar, veo que la mayoria de los pasillos que comunican con el que estoy recorriendo son rojos, aunque también los hay verdes, blancos, naranjas, negros... Pocos, pero los hay. Esto me suena...
He llegado a un cruce. Un cruce de 4 caminos. Un cruce que espero que no sea el mismo de cruce de siempre. Pero una vez más, he llegado al mismo sitio: uno de los caminos de ese cruce tiene 16 metros de longitud y acaba en una pared plateada. La misma pared plateada en la que duermo cuando me siento cansado. La misma que me sirve como único punto de referencia en este sitio. La misma que aún guarda las marcas de golpes que dejé aquella vez... La misma pared que me tiene aprisionado en este lugar.
En fin... No pasa nada, otra vez. Esta vez, de frente, hasta la plaza amarilla, y allí... No se... Tomaré un camino al azar... Naranja. Este mismo. Otro pasillo infinito, y otros caminos a elegir: gris, marrón, azul... Rojo... No, esta vez no. Azul. Más opciones... Más pasillos rojos... Lo siento, no lo puedo evitar, rojo. Espero que esto lleve a alguna otra parte...
Pues no... Ahí está... Da igual, otra vez... Otra vez... OTRA VEZ...
Un pasillo nuevo: dorado... Nunca habia visto uno así. Sus paredes son brillantes y... Siento una agradable sensación recorriendo paso a paso sus interminables paralelas. Ya llevo bastante tiempo pisando este nuevo suelo. Puede que por fin pueda salir de aquí.
Pero... No puede ser... Termina en un pasillo perpendicular... Un pasillo... Rojo... Bueno, puede que sea otro pasillo diferente... Pero no, ahí está de nuevo, el cruce, y... La pared plateada...
Desesperación, la huella que siempre quedará impresa en esta pared, las marcas que mi cuerpo dejó en un vano intento de hacer desaparecer ese muro, esa brillante pared que parecia tener las respuestas a todas mis preocupaciones, y sin embargo solo conseguía que cada vez tuviera menos gabas de luchar...
Mi resistencia se agota... Mi cuerpo, cansado, cae rendido a los pies de la desesperación...
Despertar, ver que todo sigue ahí, que no ha sido una pesadilla, que tus mejillas transportan los restos de tu rendición...
La pared sigue ahí. Yo sigo aquí. Lo único que pondrá fin a todo esto es encontrar una salida, una grieta, un pequeño agujero que me saque de aquí.
En fin... Dejo a mi espalda las nuevas marcas de la pared... Volvamos a empezar, otra vez...
Al menos sigo respirando.