Silencio. Es lo único que salia de mi en ese momento. El viento zarandeaba la visera de la capucha de mi abrigo, impidiendo que el agua calara mi cuerpo. Sentados allí, donde tantas veces habíamos ido antes, mientras el sonido ambiental llenaba el vacío que corría entre nosotros.
Y entonces él habló. Aquello que otrora hubiera hecho yo sin pensármelo, tuvo que hacerlo él por vencer las distancias que nos estaban separando. Tuvo el valor de hablar, sabiendo que decir la verdad no es nada fácil...
Fueron sus palabras las que consiguieron traspasar mi abrigo, calar mi alma, mojar mi cara... Y las que hicieron verme reflejado en él. Y es que me hizo recordar que yo antes era así, que podía defender lo que más quería haciendo valer con palabras y hechos mis convicciones. Fue curioso: la persona de la que intentaba alejarme porque era la que peor me lo hacía pasar, fue la única que pudo hacerme reaccionar con una sola frase:
"Como tú bien dices siempre: no puedes hacer muchos planes con tu vida, ya que nunca sabes lo que va a pasar"
Con este hecho, conseguí ver luz. Una sola frase ha conseguido poner en marcha la maquinaria de nuevo. El camino será largo, pero ya me he puesto en marcha.
A veces es necesario volver atrás para poder seguir adelante