Hay un gesto que no se si es intencionado o espontáneo, pero que cuando se realiza, me saca una sonrisa. Y es que de vez en cuando nos da por saltar sobre la espalda de nuestro amigo, para que nos lleve a caballo un trecho del camino. Normalmente lo hacemos cuando estamos de muy buen humor, o simplemente por jugar un rato.
He llegado a un punto en el que, por unos hechos o por otros, ese gesto significa mucho más para mi. Cada vez que algún amigo mio salta sobre mi espalda, lo sujeto con fuerza y lo llevo un poco más del trecho que él me ha sugerido. No se si él lo entenderá, pero esa es mi particular forma de demostrarle que estaré con él siempre que quiera, incluso cuando no me reclame.
Su carga es la mía, y entre los dos se hace mas ligera.