Vale que la casa era grande, pero había demasiada gente para mi gusto. Las diferentes salas se expandieron hasta su límite, acomodando a los invitados.
Por lo visto era una fiesta popular, y a pesar de ello, la música era bastante agradable. No era el típico chunda-chunda, era un rock suave conocido por todos los presentes.
En cuanto a caras, la verdad es que solo reconocí una. Yo estaba charlando tranquilamente con los que supongo eran mis amigos (porque no reconocí sus caras) cuando entró en el salón.
Fue muy extraño. Él iba hablando con sus colegas, los cuales supuse de donde eran. Llevaba el pelo rizado, algo que me sorprendió, y su barba seguía igual que siempre.
Al pasar por nuestra mesa, me sonrió. Lo único que intercambiamos en esa fiesta fue una sonrisa y una mirada cómplice.
No sé por qué no vino a hablar conmigo. Ni por qué no fui yo a buscarle. Lo mejor hubiese sido hablar las cosas.