jueves, 19 de diciembre de 2013

Sola.

12:43 marcaba mi despertador. Los rayos de luz que se colaban entre las rendijas de la persiana se clavaban en mis ojos.

Dolor de cabeza, boca pastosa... ¿Qué hice anoche? Levanté la cabeza y eché un vistazo. Dos envoltorios de Durex tirados por el suelo delataron mi crimen.

Intenté levantarme de la cama, pero caí como una piedra sobre la almohada. Mi cuerpo no soportaba la gravedad.

Sobre las dos conseguí ponerme en pie. Me puse la bata y fui a comprobar el estado del resto de la casa. Los restos de la cena seguían encima del mantel, junto a la botella de vino.

Necesitaba un baño. Abrí el grifo del agua caliente y me senté en la bañera. Dejé que el agua fuese cubriéndome poco a poco. Aún me sentía un poco mareada.

El vapor fue empañando el espejo hasta dejar visibles las marcas de un par de manos. "Debí pasármelo muy bien anoche", pensé.

El baño me hizo sentir mejor. Me puse mi bata y enrollé una toalla en mi pelo. Salí del cuarto de baño y me dispuse a recoger la mesa.

No pude evitar sonreir al imaginar las mil cosas que pudieron pasar la noche anterior, pero desapareció en cuanto levanté la botella de vino.

Una pequeña lágrima se derramó encima de la nota que ahora sostenía en mis manos.

"Ha sido una gran noche, princesa"